Políticos, sociólogos, periodistas y analistas sociales bucean en esta nueva realidad preguntándose cómo es esta clase media que, de minoritaria hace solamente 10 años, hoy ocupa el centro de la antigua pirámide social del país.
La estructura social brasileña ya no es piramidal, gracias a los 30 millones de pobres que, en los ocho años de la presidencia del exsindicalista y tornero mecánico Lula da Silva, saltaron de la pobreza a la clase media baja.
¿Cuáles son los anhelos de esta clase que ya representa hoy el 52% de los votos? Muchas interrogantes rodean el nuevo cuerpo social. ¿Es conservadora o progresista? ¿Es favorable o contraria al aborto, al matrimonio de los homosexuales y a la despenalización del consumo de las drogas? ¿Está a favor o en contra de la pena de muerte? ¿Es más o menos sensible a la corrupción política y a los instintos autoritarios?
Las respuestas a esas preguntas dibujarán el mapa social. Los analistas consideran que el fenómeno de una clase media mayoritaria “podrá cambiar el futuro rostro de Brasil”.
La estructura social en Brasil se ha modificado, en efecto, radicalmente. Ya no es aquella pirámide en la que la base mayoritaria la formaban pobres, con un centro minoritario de clase media y una punta de un 5% de ricos. Hoy el 52% de aquella pirámide lo representa la clase media, un 10% los ricos, un 28% es aún de pobres y un 10% de miserables. Juntos, pobres y miserables (generalmente analfabetos) ya son minoría y no deciden los destinos.
Los expertos no se ponen de acuerdo acerca de lo que significa ser clase media. ¿Es solo no ser ya pobre y poder adquirir electrodomésticos? ¿O es la clase media un “concepto cultural”? Hoy se consideran en Brasil de clase media aquellos que ganan desde 1.200 reales (unos 640 dólares) hasta 4.000 (unos 2.190 dólares). En realidad se trata de varias clases medias, pero que ya han salido de la atávica zona de la pobreza y de la miseria.
Según los analistas políticos, esta nueva clase media, sobre todo la llamada “emergente”, la que acaba de subir el escalón hacia el consumo, es más bien conservadora. Teme volver hacia atrás y tiene aspiraciones de mejora, sobre todo para sus hijos. Por ello no es partidaria de excesivas novedades y aventuras. Prefiere lo conocido. No le gustan los radicalismos ni de izquierdas ni de derechas. Es tradicional y defiende los valores éticos y religiosos.
Un temor desde la izquierda
El miedo de la izquierda es que esta nueva clase media esté más movida por simbolismos religiosos como el “Dios me ayudará a estar mejor”, predicados por los evangélicos, que preocupada por la “lucha de clases” o la reivindicación de sus derechos sociales.
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