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miércoles, 7 de marzo de 2012

Los escándalos ponen a la casa real española en entredicho

El escándalo de corrupción y tráfico de influencias que involucra a Iñaki Urdangarin, yerno del rey Juan Carlos, puso sobre el tapete la eterna discusión sobre el futuro de la casa real española, debate que se intensifica en un contexto de aguda crisis económica.

El senador Jordi Guillot, de Iniciativa Per Catalunya-Verds, dijo en el Parlamento que “el caso Urdangarin es un escalofrío de bochorno que recorre la espina dorsal de la monarquía”, opinión que comparten los españoles consultados en una encuesta que le dio a la Corona una nota de 4,8 sobre diez puntos posibles.

“¿Tendrán que recomponer de nuevo la fotografía de la familia real que se ofrece a los españoles en la web oficial de la casa real?”, se pregunta el articulista José Luis Barbería en el diario El País. Y se refiere a que de la fotografía regia ya se cayó el 21 de enero del año pasado Jaime de Marichalar tras su divorcio con la infanta Elena.

En la imagen oficial que se ve ahora en el portal están, de izquierda a derecha, el rey, la reina, la infanta Cristina, su marido, Iñaki Urdangarin, la infanta Elena, la princesa consorte Leticia Ortiz y su esposo, Felipe, el príncipe heredero; todos posando relajados y sonrientes, a medio camino entre la solemnidad requerida y la naturalidad buscada.

La cuestión es si también, con el tiempo, se caerá Iñaki Urdangarin. “Quedaría fuera de la fotografía en el caso, hipotético, de que los jueces le declararan culpable de urdir la trama corrupta del Instituto Nóos”, agrega Barbería.

Una mancha en la Corona

De cualquier modo, el escándalo salpica a la infanta Cristina. “Urdangarin saltó de la presidencia de esa ONG (Nóos) en 2006, se supone que a instancias de la propia Zarzuela. Es como si, desde la lejanía de un hipotético fallo judicial condenatorio, el trueno del escándalo llevara tiempo anunciándose en las estancias de palacio”, continúa el analista en las páginas del diario español.

“La Corona sabe que se la juega, que semejante mancha puede dejarle una salpicadura indeleble, extender el rechazo a la monarquía y multiplicar las diatribas de quienes, desde el extremismo, abonan el pintoresco lema de los Borbones a los tiburones”, afirma.

“Si bien La Zarzuela difunde su respeto al trabajo de los jueces en el caso Urdangarin, ¿qué pasará con la infanta Cristina si, como antigua tesorera del Instituto Nóos, acaba siendo también engullida en la vorágine de descrédito que puede desatar el caso de su marido?”, se pregunta el periodista en el fin de su análisis.

En medio de las conjeturas, expertos constitucionalistas no descartan una profunda reforma que impida a la casa real española realizar negocios y tener intereses económicos al amparo de su “alta investidura”.

Casa real
Fortuna La revista Forbes atribuye al rey Juan Carlos y su familia una fortuna de 2.362 millones de dólares.


P resupuesto La casa real dispone este año de un presupuesto de 11 millones de dólares.


Sueldos el Jefe de Estado corre con las remuneraciones de una docena y media de personas, puesto que el resto de los empleados en La Zarzuela, hasta un total de 130, dependen a efectos salariales del Ministerio de la Presidencia. A esa plantilla hay que añadirle los militares, los guardias civiles y encargados de la seguridad.



“Lo ideal son las cuentas claras”
“El príncipe se entrevista con jefes de Estado, pero ni él ni la reina tienen un estatuto jurídico que les cobije. Aunque la Constitución da libertad al rey sobre la distribución del presupuesto de la casa real, lo deseable es que sea público, al igual que su patrimonio personal. Lo ideal son las cuentas claras en todo momento”, sugiere el catedrático de derecho constitucional Antonio Torres del Moral.

Su colega Vicente Andrade sostiene que “el rey tiene que dar ejemplo de transparencia y no permitir que se especule en nombre de la Corona. No se le pide otra cosa que haga lo que otro español”.


El adiós de Jaime de Marichalar
Tras confirmarse el divorcio de la infanta Elena, Jaime de Marichalar fue desposeído del título de duque de Lugo y apartado, en cascada, de los consejos de administración de una serie de sociedades que, ahora es ya evidente, no le cedieron una plaza por méritos propios, sino por haber emparentado con la Corona.

Roto el matrimonio, deshecho el vínculo que le ligaba a la casa real, Marichalar no sólo perdió el favor real, sino también el prestigio y las expectativas de influencia, negocio y poder que aporta esa pátina como dorada y algo mágica que envuelve a la Corona.

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