La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se comprometió ayer a reactivar las faraónicas obras para el trasvase del río San Francisco, un polémico proyecto que pretende llevar agua de regadío a una buena parte del seco noreste del país.
“Para nosotros es una obra estratégica. Es una obra fundamental, crucial para Brasil” porque permite el acceso al agua, “crea condiciones para tener una agricultura en una zona de sequía” y permite el “desarrollo del noreste” del país, dijo Rousseff, que visitó las obras en Pernambuco y Ceará.
Aunque el proyecto perdió intensidad en los últimos años, el Gobierno lo relanzó e impulsó nuevas licitaciones y un plan de cumplimiento de metas con plazos estrictos.
Actualmente, unos 2.000 trabajadores operan en el trasvase, pero en junio llegarán a ser unos 6.500, informó el Gobierno.
La obra, una de las más caras anunciadas por el Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), se inició hace más de cuatro años y está valorada en unos 4.000 millones de dólares. Ambientalistas y pobladores locales se opusieron al proyecto y un obispo, Luiz Cappio, llegó a hacer una huelga de hambre en 2005 como medida de protesta.
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