Cientos de miembros de la comunidad afroestadounidense en Chicago se movilizaron para protestar públicamente por la muerte de una joven negra de 22 años por balazos de un policía local.
Rekia Boyd falleció luego de que un patrullero disparó contra un sujeto que conversaba a pocos metros de ella y que supuestamente esgrimió una pistola.
Boyd recibió un proyectil directo en la cabeza, mientras que otros transeúntes también quedaron heridos. No ha trascendido el nombre del oficial que disparó 10 veces esa noche en Douglas Park.
Familiares y amigos de la víctima, además de activistas comunitarios defensores de los derechos civiles marcharon durante los últimos tres días por las principales avenidas de Chicago para pedir justicia y celeridad en las investigaciones.
El hermano de Rekia, Martinez Sutton, denunció que la Policía trabaja lento para esclarecer el suceso, el arma causante del tiroteo nunca apareció y el uniformado homicida se encuentra en paradero desconocido.
Este caso surge en una etapa de conmoción mediática y cívica por informaciones sobre otros crímenes y delitos relacionados con odio racial en estados norteamericanos como Connecticut, California y Florida. (PL)
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