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domingo, 10 de junio de 2012

La familia real inglesa tiene fama de ser ahorrativa hasta el extremo

Una leyenda moderna asegura que la reina Isabel II es una gran fan del tupperware o almacenaje de alimentos en recipientes de plástico. En la real mesa de desayuno hay cereales y copos de avena en ese tipo de envases, según reveló en 2003 un periodista que se hizo pasar por mayordomo de la familia real.

Y el tupperware se ha convertido en una metáfora del ahorro en la familia real. La reina, de 86 años, y su marido, el príncipe Felipe, de 90, odian tirar cosas. Ambos quedaron marcados por la obligación de ahorrar durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

No se puede demostrar que la reina, nacida rodeada de lujo, realmente prefiere las botas de goma y los viejos vestidos a las perlas, las diademas y la seda. Según las informaciones oficiales de palacio, sigue aprovechando las telas de vestidos que llevó antes de convertirse en reina hace ya 60 años.

Otras observaciones, como las fotos con pañuelo en la cabeza, indican que tal vez haya algo de su fama de ahorradora extrema que por otra parte también la ha hecho más cercana al pueblo.

La fascinación por la vida privada de ricos y famosos, así como por su verdadero yo, adquiere en el caso de la familia real británica una dimensión impresionante. Durante las visitas organizadas por las residencias de la reina como Sandringham, en el este de Inglaterra, británicos y turistas siempre intentan averiguar la verdad sobre la monarca. Y pocas veces se da una situación tan buena como en esta propiedad, donde la familia real pasa tradicionalmente las vacaciones de Navidad. A diferencia de casi todos los otros palacios, esta casa es una propiedad privada de la familia real y no depende de la “crown estate”, que administra las posesiones del Estado.

“Sandringham es un lugar en el que la familia real se relaja en visitas informales, conversa con amigos y disfruta con tranquilidad del campo”, afirmó el esposo de la reina, el príncipe Felipe. Y cuando la reina no está, se abren algunas estancias a las visitas guiadas.

“Es una casa grande y poderosa”, afirma la coordinadora de las visitas, Helen Walch, sobre esta construcción, que tiene más de 300 habitaciones. “Aquí no hay pan de oro y alfombras rojas. Es claramente reconocible que la casa es una propiedad privada de la reina”. Así, en el salón, una estancia luminosa repleta de muebles antiguos y mullidos sofás, hay un rompecabezas a medio hacer sobre una mesa que se encuentra en un rincón. “Los rompecabezas son un hobby de la reina”, dijo Walch.

“Lo coloca del revés, de forma que no se puede ver la imagen”, agrega, pero en este caso se puede reconocer que se trata de una foto de boda de su nieto el príncipe Guillermo y su esposa Catalina. Si se trata de algo sólo para las visitas o si realmente la monarca está haciendo el rompecabezas es algo que en realidad resulta difícil de comprobar. Su esposo también tiene una pasión mundana: coleccionar cómics y caricaturas. “A ser posible en la versión original”, dijo uno de los muchos vigilantes.

Cuando la reina Isabel II está allí, en lugar del arreglo floral hay un televisor en el salón, señaló Walch. En la pequeña biblioteca se instala el ordenador y se convierte en oficina. Por lo demás, el resto de cosas no se modifica.

El Candelabro de Paracas es todavía un gran misterio
Cerca de la Reserva Nacional de Paracas en Perú, en el puerto de El Chaco, se encuentra sobre un alto acantilado de la costa el famoso Candelabro, conocido también como Tridente o Tres Cruces, un geoglifo de más de 177 metros de largo y 54 metros de ancho (en su base aparece un rectángulo de 20 por 14 metros, donde hay un gran socavón central) con una profundidad en la arena que fluctúa entre los diez y 60 centímetros.

Se desconoce el origen del Candelabro, quiénes fueron sus constructores, la fecha en que fue creado, su antigüedad y su significado y utilidad.

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