Jaled Jalifa sostiene un cigarrillo con la mano derecha. La izquierda la tiene enyesada hasta el codo porque un agente de los servicios secretos sirios le dio una paliza y le partió el brazo. Su pecado: ser escritor, es decir, una figura pública, y oponerse al régimen de Bashar Al Asad.
El brazo de este autor nacido en la ciudad de Alepo hace 48 años habla mínima aunque elocuentemente de la brutalidad con la que el Presidente machaca desde hace más de un año a los sirios; una violencia que ha causado al menos 10.000 muertos y que recae con especial rigor y saña sobre intelectuales, literatos, artistas y pensadores que guían a la gente en pos de que se respeten sus libertades.
Jalifa es autor de Elogio del odio, una novela censurada en Siria desde que salió en 2006 porque la narración transcurre durante uno de los episodios más sucios de la historia reciente del país, el aplastamiento de la insurrección del ala armada de los Hermanos Musulmanes sirios y la aniquilación de la ciudad de Hama en febrero de 1982, por orden de Hafez, padre de Bashar.
Allí murieron al menos 20.000 personas. Después, el régimen sirio echó toneladas de silencio sobre lo ocurrido aquel día.
El pecado de pensar
Una crónica del diario español El País muestra que Jalifa representa a una intelectualidad siria opuesta al “apetito de poder” de la familia Al Asad, y recuerda que históricamente el régimen se encargó de frenar todo tipo de oposición, desde el activismo cultural.
Según Jalifa, ahora en Siria se puede hacer periodismo, pero no novelas. “La revolución no es un buen momento para escribir. Tienes que hablar del amor una vez acabado el amor y no durante el amor, porque mientras estás viviendo una experiencia profunda no necesitas escribirla. Ahora pasa lo mismo, yo vivo profundamente la revolución. Creo que el hecho de vivir es más importante que el hecho de escribir”.
En los últimos 30 años, pero con especial frecuencia en la reciente década, escritores, pintores y artistas en general fueron presos o tuvieron que dejar su país por pensar diferente.
La prohibición de Elogio del odio es sólo un ejemplo de las censuras, persecuciones e intentos de amordazar a este sector, una práctica que agobia a buena parte del mosaico de la creación en las diferentes manifestaciones artísticas proscritas en el país asiático.
“Crea en su sueño / un modelo de revolución rebelde / que abraza el creciente futuro. / Despierta de su sueño / y sus días se convierten / en anhelos / que lloran la noche pasada / y su quimera perdida”.
Éstos son los versos de El sueño y el despertar, célebre poema del poeta sirio Adonis que resuenan a través del tiempo y los lugares sin perder vigencia, y que se convirtieron en símbolo de la lucha y resistencia.
Sabe el veterano autor -eterno candidato a recibir el Premio Nobel de Literatura- de la rebeldía y del silencio y la soledad impuestas porque forma parte de una nómina de escritores sirios que han sido perseguidos en los recientes años. Como Osman Sabri, Cankurd y Nizar Qabbani, entre muchos otros.
Es conocido un episodio de Adonis. Por pertenecer al Partido Social Nacionalista Sirio fue encarcelado cuando tenía 25 años (1955). Según cuenta, fueron seis meses de cautiverio que le sirvieron de inspiración y para abrirse a nuevos derroteros.
El periodismo fue uno de ellos. Emigró a Beirut, donde fundó la revista Shi’r (Poesía) junto al poeta y crítico Yasuf al-Khal.
Con el tiempo, viviendo entre Líbano y Francia, Adonis se convertiría en uno de los grandes poetas del mundo árabe y hoy en día es reconocido no sólo por su lírica dotada, sino también por su activismo social y político.
Experiencias parecidas vivieron Osman Sabri (1905-1993) y Cankurd (1948), dos de los mayores referentes de la literatura siria del siglo pasado; el segundo aún en pie de lucha.
Elogio del odio
Trama En la novela por la que Jaled Jalifa fue vetado por el régimen sirio, la narradora, de la que no se sabe el nombre, describe el ambiente opresivo de la casa en la que vive con sus tías y de la que apenas salen, siempre bajo un velo negro. Los olores, las comidas, las texturas y las imágenes de los sueños impregnan el libro igual que el odio crece dentro de la adolescente no sólo hacia el régimen, sino también hacia las mujeres que no hacen nada para salir de las condiciones en que viven.
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